Después del duelo de encuestas contra Fugaku, El dragón y el camaleón cambia de tablero. El séptimo volumen de Ryo Ishiyama no cierra ningún combate: monta el escenario del siguiente. Es un tomo de preparación, con menos explosiones que los anteriores y más conversaciones sobre cómo se fabrica, se vende y se defiende un manga. Si llegas del sexto, Norma Editorial te devuelve a la historia justo donde la dejaste, con el duelo contra el gigante Fugaku ya resuelto y la pregunta de qué viene después.
Conviene recordar el punto de partida. Fugaku es el gran nombre de la industria, un autor con más de cien millones de ejemplares vendidos, y el sexto tomo enfrentaba a Garyu con él en un pulso de nuevas series. Para no perder, Garyu tiró a la basura una entrega casi terminada y rehízo el capítulo desde el nombre, entre dudas, plazos y un equipo de asistentes al límite. Ese pulso queda atrás cuando empieza el séptimo, y la historia abre la puerta a algo más grande que una encuesta semanal.
El volumen arranca con la serie nueva de Garyu Hanagami, Blue Airborne Corps, ya convertida en tomo recopilatorio. Garyu sigue atrapado en el cuerpo del novato Shinobu Miyama, y desde ese cuerpo prestado empieza a salir del anonimato. No hay fanfarria. El tomo trata ese éxito como un punto de partida, no como una meta, y por eso funciona.
El capítulo 40 pone el foco en un lugar poco habitual en el género: la sección de ventas. La idea que recorre sus páginas es que un buen manga no basta si nadie llega a leerlo, y que alguien tiene que ocuparse de que llegue. Es un capítulo de conversación y de oficio, y Ishiyama sabe que el lector de esta serie quiere ver también el negocio por dentro.
A partir de ahí entra el plan que da título al arco: una revista de un solo número que reúne a mangakas legendarios en activo. El objetivo es recuperar la fiebre del papel que tuvo en vilo a todo Japón con el shonen. La ambición es batir la mayor tirada de la historia del género, y la participación no se limita a la revista de la que sale Garyu: se convoca a autores de cabecera de otras publicaciones. El capítulo 41, titulado Legends, es donde el proyecto deja de ser una idea y se llena de nombres.
Lo mejor del volumen es el tono con que presenta a los invitados. Ninguno parece un autor de oficina. Todos tienen algo de criatura, y el tomo se divierte dejando claro que el gremio al que quiere llegar Garyu no es una clase de dibujo, sino un coto de caza. El reparto crece de golpe y pide una segunda lectura para ubicar a cada uno.
En esa mesa aparece de nuevo la Serpiente, el mangaka al que las editoriales han vetado y que ya conocíamos del tercer tomo. El capítulo 42, Snake and Buddha, le da protagonismo, y su presencia pesa más que la de un invitado cualquiera. Miyama y él entran también en juego, y con ellos la serie recupera su motor original: dos autores con el oficio en común y los cuerpos cruzados. El capítulo 47, Por favor, sensei, es el mejor título del volumen, y quien haya seguido a estos personajes entiende enseguida por qué.
El duelo que se acerca
Debajo de toda la organización hay una pregunta que el tomo no resuelve: cuándo se enfrentarán de verdad el dragón y el camaleón. La revista de un solo número es la excusa perfecta para un duelo único entre Garyu y Miyama, y Ishiyama lo plantea como el gran choque de la serie. Uno ha sido la cima y busca otra cumbre. El otro ha copiado al original hasta casi superarlo. El tomo alimenta esa promesa sin cumplirla.
Quien espere que el volumen cierre el enfrentamiento se va a llevar un chasco. Quien quiera ver cómo se montan las piezas, lo va a disfrutar. Hay una lectura de fondo muy clara: la serie ya no quiere ser solo la historia de un intercambio de cuerpos, y empieza a ser un relato sobre si el manga todavía puede sacudir a un país entero.
Funciona el ritmo de crescendo. El tomo no sube de golpe, sube capítulo a capítulo, y cuando llega al último tiene el pulso alto sin haber gritado. También funciona el oficio: la serie sigue tratando la creación de un manga como un deporte de contacto, con ventas, autores y editores peleando cada uno en su carril. Es una idea ya conocida del cómic sobre mangakas, pero aquí tiene mala leche suficiente para no sonar a manual.
Lo que flojea es la cantidad de personajes nuevos. Con la revista de leyendas, el reparto se llena de cabezas parecidas y de nombres que piden una segunda lectura. Y como todo el tomo es un preámbulo, el avance de la trama es menor que en los dos anteriores. Si buscabas el golpe seco de los combates por encuesta, aquí no está. Se lo perdonas porque sabes que el siguiente paso es el choque grande, y el tomo da motivos para esperarlo.
La edición de Norma Editorial
Norma publica el tomo en septiembre de 2026 en formato B6 (130 x 182 mm), rústica con sobrecubierta y sentido de lectura oriental. Son 168 páginas en blanco y negro, con dos páginas a color, y el precio es de 10,00 euros. Es el mismo formato que los anteriores, y se agradece que la colección mantenga la sobrecubierta y el tamaño en la estantería.
Si empiezas por aquí, vas a notar que el tomo asume que conoces el enfrentamiento con Fugaku, así que conviene volver antes sobre nuestra reseña del sexto volumen. El resto del catálogo de la editorial está en la web de Norma Editorial. Para quien ya sigue la serie, es un tomo de transición que cumple, con un final que deja los dos bandos listos y las ganas intactas de ver el choque que lleva varios volúmenes gestándose.
Título: El dragón y el camaleón 7
Autor: Ryo Ishiyama
Editorial: Norma Editorial
Editorial japonesa o revista de origen: Square Enix (Gangan JOKER)
Formato: Rústica con sobrecubierta, B6 (130 x 182 mm)
Sentido de lectura: Oriental
Páginas: 168
Precio: 10,00 €
Fecha de publicación: Septiembre de 2026





