El tercer tomo de Bocchi the Rock!: Las borracheras de Kikuri Hiroi sigue por el camino que abrieron los dos primeros: Kikuri, bajista de Sick Hack, vive con veinticinco años en un piso destartalado, con deudas, sin un euro y con el hígado al límite. Solo se pone seria cuando toca música, y fuera del escenario es un desastre con patas que sobrevive de la buena fe de los demás. El guion es de Aki Hamaji, y el dibujo, de Kumichou, que es quien da a todo ese caos su cara de ternura.
Este volumen es de los más variados. No hay un hilo principal que atar, y eso es lo que le sienta bien. Cada capítulo es una pequeña historia con una excusa distinta para que Kikuri beba, se meta en líos o se comporte como una persona razonable durante diez minutos. Quien venga de los tomos anteriores encontrará el mismo humor, con algo más de confianza en los secundarios.
Año Nuevo en casa de Shima y el cosplay de Eliza
Hay un episodio de Año Nuevo en casa de la familia de Shima, y esa decisión es un acierto: cambia el escenario habitual de bares y locales por una casa familiar. Es una de las pocas veces en que la serie saca a Kikuri de su ambiente y la deja en situación de invitada, y el contraste hace gracia por sí solo.
Poco después llega el capítulo del cosplay. Eliza convence al grupo de disfrazarse, y Shima, que es la que más sufre con las ideas ajenas, acaba metida en el disfraz con una vergüenza que se le nota en cada viñeta. Kumichou saca partido a ese tipo de comedia física: los gestos son pequeños, las caras dicen más que el texto y el tomo se lee con una sonrisa casi continua. Es de esas historias que no necesitan trama.
El campamento y las botellas de lujo
Otro bloque del volumen manda a las integrantes de Sick Hack de campamento al bosque. Beber en plena naturaleza es el pretexto, y el manga lo estira con ese humor de cosas que salen mal en cuanto se sale de la ciudad. El campamento aporta un respiro visual: los fondos se abren y la composición tiene más aire.
La otra historia que se recuerda es la de la botella cara. Kikuri ahorra, renuncia a su alcohol barato de siempre y se compra un sake daiginjo de la marca Kirara para beberlo con calma. Es un capítulo pequeño y curioso, porque por una vez Kikuri se comporta con disciplina y disfruta de verdad. Lo mejor es lo que no dice: detrás del gag hay una persona que puede llegar a querer algo y a esperar por ello. La serie lo sabe y no lo subraya.
La Kikuri sobria y el chocolate perdido
El mejor capítulo del tomo es el episodio en el que Kikuri está sobria. Shima y Eliza intentan que deje de beber de golpe, y durante unas páginas Kikuri se vuelve tranquila, amable y, sí, adorable. Es una Kikuri que no conocíamos, y el manga la sostiene lo justo, sin alargar el contraste más de lo que aguanta. No es un capítulo de redención ni de moraleja, y en esa contención está su gracia. Si eres de los que quieren más a Kikuri cuando hay algo que ganar, aquí lo encuentras.
Otra historia se ambienta en STARRY, el local donde ensayan y tocan, con un chocolate de San Valentín que desaparece. Es una trama de misterio doméstico, con sospechas cruzadas y un pequeño ánimo detectivesco, y se resuelve con la misma ligereza con que empieza. Sirve para recordar que el reparto secundario tiene recorrido, y que Kikuri funciona mejor rodeada de gente que la soporta.
Entre un capítulo y otro, el tomo mantiene una virtud poco habitual en el humor episódico: no repite el mismo chiste con ropa distinta. Cosplay, campamento, sake caro, chocolate perdido y Año Nuevo son premisas con poco en común, y cada una tira de un rasgo diferente de Kikuri. A veces es la inconsciente, a veces la vulnerable, a veces la que de repente da lecciones sin querer, y la serie sabe cuándo cambiar de registro antes de que el lector se canse.
Lo que funciona y lo que no
El volumen funciona porque equilibra comedia de borracheras con momentos de Kikuri sobria que le dan humanidad. Se lee de una sentada y deja buen sabor. El arte es limpio, expresivo y muy apoyado en los gestos, y el tono ligero de cada capítulo hace que la serie no se sienta pesada a pesar de tratar un asunto serio. Hay que decir que el humor depende de que te caiga bien el personaje, y quien lleve mal el tema del alcohol puede cansarse antes.
La pega es que, al ser una colección de episodios, el tomo no tiene un clímax. Si buscas progresión, no es aquí donde la vas a encontrar. Tampoco ayuda que algunos capítulos se apoyen más en el chiste de situación que en el desarrollo del grupo. Pero para ser un spin-off de comedia, cumple con holgura. Además, el formato de episodios cortos le va bien a un personaje que funciona mejor en dosis pequeñas: Kikuri en estado puro durante doscientas páginas seguidas sería agotador, y el tomo la administra con cabeza, alternando el desastre con ratos de calma.
La edición de Ivrea
Ivrea mantiene el formato B6 en rústica con sobrecubierta de los tomos anteriores, con 200 páginas en blanco y negro y un precio de 9,90 €. Es una edición ajustada, de las que se agradecen en una serie que se va a coleccionar. Llega con las novedades de Ivrea del 15 de octubre, y en nuestras novedades de Ivrea puedes ver cómo arrancó la serie en España. La ficha de la colección está en la web de Ivrea.
Si ya vas al día con la serie, no hay motivos para no seguir: el volumen mantiene el nivel. Y si todavía no has empezado, este es un tomo que se entiende solo, aunque lo suyo es empezar por el primero.
Título: Bocchi the Rock!: Las borracheras de Kikuri Hiroi 3
Autor: Aki Hamaji (guion) y Kumichou (dibujo)
Editorial: Ivrea
Editorial japonesa o revista de origen: Houbunsha, COMIC FUZ
Formato: B6, rústica con sobrecubierta
Páginas: 200
Precio: 9,90 €
Fecha de publicación: 15 de octubre de 2026







