Hay secuelas que se limitan a repetir la jugada y otras que se atreven a meter más gente en la habitación. En The Bat-Man: Second Knight, Dan Jurgens elige lo segundo: vuelve a la Gotham de 1939, la de los trajes oscuros, los periódicos que se venden a gritos y la guerra asomando por el horizonte, y la llena de visitantes incómodos. Panini lo recupera en su línea DC Black Label con el formato grande que pedía esta historia.
Una Gotham de 1939 con los nervios a flor de piel
El tomo arranca con un terror que se ejecuta a plena luz. Un tipo encapuchado, vestido de verdugo, mata en público a sus víctimas y deja a la ciudad sin aliento. No es un asesino de callejón: es un espectáculo, y Gotham lo mira con miedo y con morbo a partes iguales. Detrás de esa máscara hay una mano que mueve los hilos, y la historia tarda poco en dejar claro cuál: Jonathan Crane, el Espantapájaros, que aquí se mueve como un científico siniestro con ambiciones que van más allá de la ciudad.
Lo mejor del arranque es que Jurgens no se conforma con un villano de la semana. El fondo es el de una época concreta, con el paro de la Gran Depresión todavía en el cuerpo y una Europa que se incendia. A finales de 1939 Alemania ya ha invadido Polonia y los soviéticos han entrado en Finlandia, y esa sombra se cuela en cada escena. Es una Gotham pequeña, pero con el mundo encima.
La primera gran escena del volumen ocurre en el estreno de la película que protagoniza Julie Madison y que Bruce Wayne financia. Allí, entre focos y alfombra roja, el Espantapájaros y su compinche irrumpen con un asesinato y gas del miedo. Es una secuencia de pánico colectivo que funciona precisamente porque rompe el glamour de golpe. El Bat-Man llega herido y tocado, incapaz de ayudar como quisiera, y es aquí donde la serie deja de sentirse como un homenaje cómodo y se convierte en una historia con riesgo real.
Esa herida importa, porque este Bat-Man todavía no es la máquina que conocemos. Sangra, duda y llega tarde. El tono recuerda al mejor Gotham by Gaslight: una reinvención que respeta las costumbres del personaje y se las altera lo justo para que nada resulte previsible.
La segunda pata del tomo es la que más sorprende. Lois Lane está en Gotham, enviada a investigar, y su editor, George Taylor, del Daily Star, ha mandado a Clark Kent tras ella para que la vigile. Lois, como es lógico, se niega a que nadie la cuide. Esa chispa entre ambos es de lo más disfrutable del conjunto: diálogos rápidos, un punto de screwball y la sensación de que Jurgens se lo pasa bien con los periodistas.
Cuando Lois y Julie quedan al borde del desastre, aparece el visitante de fuera de la ciudad, y el Superman de la Edad de Oro entra en escena. Es el momento en que el pulp se encuentra con el noir. Jurgens lo escribe como lo que es, un choque de métodos: uno actúa desde la sombra y el otro desde la fuerza, y ninguno confía del todo en el otro. En el tramo final, el hombre de acero tiene muchas preguntas para Bat-Man, y la conversación vale más que cualquier puñetazo.
Julie, la promesa y el precio de la doble vida
Si hay un hilo humano en el tomo, es el de Julie Madison. Ella ayuda a Bruce con sus coartadas y ve más de lo que dice. A medida que el peligro crece, admite que todo esto ha cambiado lo que siente por salir con un hombre que arriesga la vida cada noche. Bruce le promete dejarlo cuando termine con el Espantapájaros y su socio. Nadie en la sala se lo cree del todo, ni siquiera él, y ahí está la gracia: la promesa es sincera y a la vez imposible.
Los apuntes sobre el comisionado Jim Gordon redondean ese lado más íntimo. Su relación con Bruce Wayne tiene su lógica dentro de esta continuidad y se explica sin alardes, en una de esas escenas de diálogo en las que Jurgens demuestra oficio.
El rabino, Maxie y la grieta por la que entra el odio
Una de las subtramas más valientes del tomo ocurre lejos de los gases y las capas. El rabino Cohen recibe la visita brusca del Bat-Man y le planta cara con un buen rapapolvos. Más adelante, en una escena entre el rabino y Maxie, el gángster descarga contra el anciano su propio autodesprecio. Son pocas páginas, pero ayudan a entender por qué el miedo prende tan bien en esta ciudad: hay rencores viejos esperando una chispa.
Ese es el tipo de detalle que separa una buena secuela de una mera continuación. Jurgens usa la época para hablar de cómo se fabrica el odio, y lo hace sin subrayarlo demasiado. El Espantapájaros, por su parte, no solo quiere sembrar el pánico: quiere demostrar su gas a quienes pueden pagarlo, y los nazis están en su lista.
Trincheras, gas y la sombra de Flandes
El segundo acto se detiene en el pasado de Crane con un flashback a la Gran Guerra y a las trincheras de Flandes. Es un giro oportuno, porque da peso a un villano que en otras manos sería puro disfraz. Entender de dónde viene su fascinación por el gas hace que el plan que se prepara en la ciudad resulte más inquietante, y no solo más ruidoso.
El plan avanza hasta una confrontación en el Ayuntamiento, donde Gordon se prepara para plantar cara al Espantapájaros. El Bat-Man no está allí, y esa ausencia es la clave del desenlace: mientras Gotham contiene la respiración, él y el Superman de 1939 tienen que encontrar un terreno común para frenar el golpe final del Espantapájaros y de su verdugo enmascarado. El volumen cierra con ese pulso a contrarreloj, sin florituras innecesarias.
Dibujo, color y edición española
El dibujo corre a cargo de Mike Perkins, que sigue siendo el compañero perfecto para este Gotham de sombras largas, y el color de Mike Spicer sostiene esa paleta apagada que huele a tinta vieja y a humo de cigarrillo. La combinación se luce mejor en el tamaño grande de esta edición, donde las dobles páginas y las escenas de multitud respiran.
Panini lo publica en cartoné con sobrecubierta, a color y en formato 24,5 x 31,5 cm, con las tres entregas de la miniserie en un solo tomo. Son 152 páginas por 38 euros: no es barato, pero el papel y el formato lo justifican si se disfruta de verdad del noir. Quien venga de First Knight encontrará aquí una continuación natural y, además, más ambiciosa. Quien no lo haya leído puede entrar sin demasiado esfuerzo, aunque se perderá algún guiño. Si quieres seguir explorando el universo del murciélago, el resto de novedades del sector están en nuestra portada, y el catálogo de la línea lo tienes en la web de Panini.
Por qué funciona y dónde cojea
Lo que funciona es el reparto. Jurgens sabe que Bat-Man es el menos desarrollado cuando hay tanta gente alrededor, y aun así el equilibrio se sostiene gracias a Lois, Julie y Gordon. Lo que cojea es el ritmo del tramo central: hay tanto frente abierto que algunos se quedan a medias, y el villano, pese al flashback, sigue pareciendo más una idea que una persona.
Aun así, Second Knight es un Elseworlds de los que se disfrutan: sin complejos, con ganas de jugar con la historia y con un Superman que llega para aportar contraste y no para robar el protagonismo. Si First Knight te convenció, este tomo te va a encantar. Y si lo que buscas es un Batman sin cadenas de continuidad, también.
Título: DC Black Label. The Bat-Man: Second Knight
Guion: Dan Jurgens
Dibujo: Mike Perkins
Color: Mike Spicer
Editorial: Panini Cómics
Contiene: The Bat-Man: Second Knight 1-3 USA
Formato: Cartoné con sobrecubierta, 24,5 x 31,5 cm, color
Páginas: 152
Precio: 38 euros
Fecha de publicación: 24 de septiembre de 2026







