Este año Girocòmic solo ha preparado una exposición. La de la revista El Víbora. Teniendo en cuenta lo que supuso esta revista para el mundo de la contracultura, el cómic y los años posterior a la muerte del dictador, no hacen falta más exhibiciones. La muestra repasa los cuarenta años de vida de dicha revista. A lo largo de varias columnas, se han colocado portadas de diferentes números de El Víbora, un par de fotografías de sus miembros fundadores y algunas de las obras gráficas que se fueron publicando a lo largo de los años tanto de artistas locales como internacionales. Recorramos las ilustraciones que configuran este recorrido por la memoria de una revista que marcó época.
La exposición puede empezarse desde cualquier punto como en muchas ocasiones. En una de las imágenes se puede ver al equipo creativo del primer número. En la parte superior aparece el logotipo de la revista y algunos adjetivos que la definen como estrafalario, subversivo, ácrata, lúdico, libertino, vanguardista. En la conferencia El Víbora cuatro décadas de historia que tuvo lugar el primer día de la Girocòmic 2026, los testimonios de Emili Bernárdez, Bartolomé Seguí, Jaime Martín y Rubén Lardín corroboran los apelativos que vemos en la exposición sobre El Víbora. En la parte inferior de la mencionada imagen, se reproduce el texto que incorporaba el primer número de la revista. Empieza así:
“¡Y nos queremos quedar, no faltaría más! VÍBORA, el cómic que atenta contra el muero y las pirañas, el apalanque de los supervivientes de esta aburrida, autoritaria y, lo que es peor, descangallada y estúpida sociedad, te saludo, ¡oh, primer lector!, ¡oh, primer amigo!, ¡pequeño cretino de mi corazón!Y ahora tendría que explicarte qué somos, qué queremos, a dónde vamos. Pero no te preocupes, afortunadamente no está demasiado claro. Porque, como ser, lo único seguro es que somos lo suficientemente incoherentes como para resultar divertidos”.
En estos primeros párrafos ya queda clara la seña de identidad de la revista. Un espacio en constante cambio, lleno de todo lo que no sea aburrido y estandarte de la diversión sin filtros. Una declaración de intenciones que convirtieron a esta revista en un estandarte de la contracultura en un país donde todo estaba por hacer. En la ilustración que le sigue se rinde homenaje a los cuarenta y siete años de la editorial La Cúpula donde, entre 1979 y 2004, se publicó El Víbora. Del escrito que a acompaña a una fotografía del equipo de la revista, cabe recalcar que en el espíritu de la misma hay “un sentir profundo de disidencia, de combate contra la realidad y lo establecido”. En los tiempos salvajes que corren, quizás, necesitamos más proyectos culturales que sigan la estela que empezó esta revista, adaptándose al presente de velocidad y drogadicción a las pantallas que vivimos.
Tras sendos homenajes, vamos a detenernos en algunas de las portadas que se expusieron en esta muestra. Así veremos los estilos eclécticos que poblaron esta revista a lo largo de los años. Veamos la primera portada de la revista. Originalmente, iba a llamarse Goma-3, pero las autoridades competentes se negaron a publicar un magacín cuyo nombre se parecía al de uno de los explosivos de ETA. Recordemos cuándo estamos. Diciembre de 1979. Recién salidos de cuarenta años de oscuridad, recién empezando la monarquía parlamentaria que sigue vigente hoy en día. Eran tiempos convulsos. Ante la negativa del primer nombre de la revista, se optó, a contracorriente, por bautizarla como El Víbora. La portada del primer número la hizo Nazario Luque que en la revista iría publicando historietas de su obra Anarcoma que se publicaría completa posteriormente (Ediciones La Cúpula, Barcelona, 1983).
En otra de las ilustraciones que componen la muestra, puede verse el cartel de la primera edición del Salón del Cómic y la Ilustración de Barcelona de la mano de Miguel Gallardo que, en El Víbora, publicó historietas del grupo de piltrafas llamado La Basca y el personaje de El Niñato. Precisamente, la creación de personajes icónicos de las obras gráficas que se iban publicando número tras número era uno de los rasgos distintivos de esta revista. Otros personajes de El Víbora fueron el gato Fritz, de Robert Crumb; Croqueta y Empanadilla, de Ana Ocina; Buddy Bradley, de Peter Bagge; o Ángel de Iron, entre otros. Todos estos personajes pueblan algunas de las ilustraciones de la exposición sobre la historia de El Víbora, además de que, en cada una, se dan datos de la obra y su autor o autora.
Tal y como se remarcó en la conferencia que hubo en Girocòmic sobre esta revista, en El Víbora no solo publicaban autores locales. Además de ellos, podemos encontrar varias firmas de ámbito internacional como los ya mencionados Robert Crumb, Peter Bagge además de nombres como Hideshi Hino, Charles Burns o Giblert Shelton. Cabe detenerse un momento en este autor, ya que de su mano salió la portada del número ciento veintidós de la revista en el que se plasma una clara sátira a la tauromaquia. Espectacular. Conforme uno iba observando las diferentes ilustraciones que componen la muestra, se da cuenta de que los autores y autoras que han participado en El Víbora o se han inspirado en sus páginas para crear su obra presentan estilos gráficos diferentes entre sí.
Cambia el trazado de los dibujos, el tono, la textura, pero todos comparten una constante. El tono irreverente y crítico ante la realidad que nos rodea. Los adjetivos con los que se define a El Víbora se aplican a las obras mostradas en la exhibición. Es decir, estrafalario, subversivo, ácrata, lúdico, libertino, vanguardista. No es fácil mantenerlos durante tantos años, teniendo en cuenta que este proyecto fue adaptándose a los jóvenes de cada época, a las inquietudes del presente en el que publicaban. Es cierto que, remitiéndome a la conferencia sobre esta revista, con los años fue acercándose a un convencionalismo y alejándose del carácter salvaje de los primeros números. Aún así, algo quedó de esa primera chispa que dio vida a El Víbora.


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