Tres años sin Doraemon en las salas españolas se notan, y Doraemon: Aventuras en el mundo del arte llega con la etiqueta de película del 45 aniversario de la saga en cines. La firma Yukiyo Teramoto, que vuelve a dirigir una película de la saga doce años después de la anterior, y el resultado es la entrega más redonda de la etapa reciente: una aventura clásica de las de toda la vida, con un villano que da miedo de verdad y un final que gira alrededor del peor dibujo que Nobita ha hecho nunca. A partir de aquí hay destripes del argumento.
De qué va Doraemon: Aventuras en el mundo del arte
Todo arranca con un deber de verano. Nobita tiene que entregar un dibujo y es incapaz de terminarlo: empieza retratando a su padre tumbado en el suelo, se frustra y lo deja. Doraemon saca una linterna que permite meterse dentro de los cuadros para que la pandilla busque inspiración, pero Nobita acaba tirado en el tatami lanzando la goma de borrar al techo y deseando en voz alta que le caiga un cuadro ya pintado. El techo se abre, la goma desaparece y cae un lienzo con una niña perdida en un bosque y un pequeño bicho alado.
La niña es Claire, princesa de Artelia, un reino del siglo XIII que no aparece en ningún libro de historia. Lleva cuatro años desaparecida y vagando por ese bosque pintado, y el bicho es Chai, un diablillo con alas de murciélago, gruñón y bastante más útil de lo que aparenta. Al buscar la salida del cuadro, la pandilla atraviesa otra puerta y aterriza en la Artelia real, con su castillo junto a un lago de un azul que no se parece a ningún otro. Allí conocen a Milo, amigo de infancia de Claire e hijo del difunto pintor de la corte, que busca la piedra con la que se fabricaba el azul de Artelia, un pigmento que cambia de tono según el ángulo y cuya receta se llevó su padre a la tumba.
Un misterio con dos sospechosos y un villano de verdad
La primera mitad juega al despiste con dos personajes del castillo. Pal es un marchante de arte que aprecia el talento de Milo pero tiene la mala costumbre de espiar a la pandilla desde las sombras y de comparar a Claire con Alicia en el País de las Maravillas, un libro que en el siglo XIII no existe. Sodoro es un hombre de la corte con fama de despistado y simpático al que el rey tiene cariño. El guion de Kōshi Itō, guionista habitual de la serie que debuta aquí en el cine, coloca bien las pistas y las paga todas: Pal resulta ser un agente de la Patrulla del Tiempo y Sodoro es el ladrón de cuadros llegado del futuro al que perseguía.
El nudo llega con una impostora. Al día siguiente de que Claire vuelva a casa aparece otra Claire idéntica y fría como el hielo, que pone el castillo patas arriba. Shizuka es quien desenmascara a la copia, un robot imitador manejado por Sodoro, y es de lejos la Shizuka más resolutiva de las películas recientes: tiene escenas propias, toma decisiones y no espera a que nadie la saque del lío. Gigante y Suneo, por su parte, hacen lo de siempre, que es meterse donde no les llaman, y la película les saca partido sin convertirlos en estorbo.
Acorralado, Sodoro roba la linterna de Doraemon y la usa sobre un lienzo de la galería del castillo. De ahí sale Esael, el caballero oscuro de la leyenda de Artelia, que no dice una palabra y no responde ante nadie: lo primero que hace es convertir en piedra a su propio liberador. Su poder es arrebatar el color a todo lo que toca, y verle dejar el reino en gris, piedra a piedra, es lo más inquietante que ha puesto la saga en pantalla en años.
El tramo final y el dibujo de Nobita
La batalla contra Esael va subiendo de tono hasta un punto que sorprende en una película de Doraemon. La pandilla descubre que las criaturas que salen de un cuadro se deshacen con el agua, y todos se lanzan a por todas: abren el lago en dos con el bastón que separa las aguas para ahogar al caballero, y Esael responde robándole el color a la cascada y anulando el plan. Los amigos van cayendo uno tras otro, y cuando el propio Doraemon queda fuera de combate la película se permite un rato de desesperanza auténtica que el público infantil va a recordar.
La salida está sembrada desde mucho antes. En una charla tranquila mientras pinta, Milo le dice a Nobita que no hace falta pintar bien, que basta con dibujar lo que uno quiere mientras lo quiere, y Nobita coge una cera azul y dibuja a Doraemon con un trazo que no supera el nivel de un niño de preescolar. En el clímax, Nobita se mete solo en ese dibujo. El Doraemon torpe y deforme que vive dentro apenas sabe hablar, pero saca de su bolsillo un gorrocóptero y los polvos que devuelven a su estado líquido el agua solidificada. Con ellos Nobita deshace la casa de agua que la pandilla se había construido para dormir en Artelia y la ola acaba con Esael. Es un desenlace sencillo y muy bien hilado, porque esos polvos salen en una escena doméstica del primer acto que parece puro relleno.
El cierre devuelve la pelota al principio. El padre de Nobita, que en la primera escena le había dicho a su hijo que un buen dibujo no depende de la técnica, remata la idea con una frase que recoge toda la película sin subrayados.
Animación, dirección artística y música
La parte visual es lo mejor de la película. El equipo hizo localizaciones en Italia y se nota en Artelia, con callejuelas, pórticos y un castillo que parecen sacados de un fresco. Hay mimo en detalles que nadie exige a una película familiar, como ver moler pigmentos y mezclarlos con yema de huevo para fabricar la pintura. El diseño de personajes y la dirección de arte llevan firmas nuevas en la saga, y el contraste entre la Artelia saturada de color y el reino desteñido por Esael funciona como recurso narrativo, no solo como adorno.
La película recupera además una secuencia de apertura con la canción clásica de la serie, y es un pequeño regalo para el espectador veterano. La banda sonora de Takayuki Hattori acompaña sin estorbar, y el tema principal, Sketch, lo canta Aimyon.
Lo que funciona y lo que chirría
No todo encaja. Para llamarse como se llama, la película pasa poco tiempo dentro de los cuadros y mucho en la Artelia real, y el arranque con el cuadro cayendo del techo parece una casualidad muy cómoda hasta que se explica, ya bien avanzado el metraje. Esael tampoco tiene más motivación que la destrucción, y quien busque un villano con discurso propio no lo va a encontrar. Son pegas menores frente a lo que consigue: un villano que impone, un uso ingenioso de artilugios poco conocidos, un reparto secundario con peso y una idea central que se cuenta con imágenes y no con discursos.
Para quien creció con la serie en la tele, es la película de Doraemon que más se parece a las aventuras largas de la época de Fujiko F. Fujio, con aquella mezcla de excursión, comidas imposibles y amenaza que va en serio. Para quien vaya con niños, es una hora y tres cuartos que se pasa volando. Si te quedaste con ganas de más del gato cósmico, en nuestro archivo de Doraemon tienes más contenido de la saga, y la web oficial japonesa de la película guarda material gráfico de Artelia y sus personajes.
Título: Doraemon: Aventuras en el mundo del arte
Título original: Eiga Doraemon: Nobita no Esekai Monogatari
Dirección: Yukiyo Teramoto
Guion: Kōshi Itō
Obra original: Fujiko F. Fujio
Estudio: Shin-Ei Animation
Música: Takayuki Hattori
Duración: 105 minutos
Distribuidora: Alfa Pictures y Luk Internacional
Fecha de estreno: 9 de octubre de 2026


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