Animal Man de Grant Morrison 2: cuando el cómic empieza a mirarte a los ojos
Buddy Baker ya no es el héroe accidental del primer tomo. En este segundo volumen de Animal Man de Grant Morrison el personaje se ha comprometido del todo con la causa animalista y esa decisión le va a costar caro, tanto a él como a su familia. Pero lo que de verdad marca este tramo de la etapa no es el activismo: es la grieta que se abre en la realidad de Buddy, esa sensación de que alguien, en algún sitio, está escribiendo cada uno de sus pasos. Grant Morrison lleva aquí el cómic de superhéroes a un terreno que en 1989 nadie había pisado con tanto descaro, y el resultado sigue siendo una de las lecturas más incómodas y fascinantes que ha dado DC Comics.
Un activista con familia y sin descanso
El tomo arranca con Vixen llamando a la puerta de los Baker, huyendo de unos asesinos invisibles que le han arrancado la columna vertebral a un hombre delante de sus ojos. La escena termina con esos mismos seres irrumpiendo en el salón familiar y desintegrando literalmente el cuerpo de Buddy ante Ellen y los niños, justo cuando los alienígenas amarillos que le dieron sus poderes deciden reclamar el control de su vida. Es una apertura brutal, muy alejada del tono más contenido del primer tomo, y deja claro que esta segunda parte va a jugar con la idea de que Buddy no controla su propio destino.
A partir de ahí, el activismo se convierte en el motor visible de la trama. Buddy viaja a Sudáfrica para acompañar a su viejo conocido B'wana Beast, agotado tras años defendiendo la fauna africana, y asiste a la ceremonia en la que el poder pasa a un joven llamado Dominic Mndawe, que adopta el nombre de Freedom Beast por motivos que el propio cómic no disimula. Poco después, en las Islas Feroe, Buddy se une a un grupo de activistas que intenta frenar la matanza tradicional de delfines, y la violencia de esa secuencia no se suaviza en ningún momento.
El asalto al laboratorio, el momento que todo el mundo recuerda
Si hay una escena de este tomo que se queda grabada es el asalto nocturno a un laboratorio universitario donde Buddy y un grupo de activistas descubren jaulas llenas de monos con los ojos cosidos, sometidos a experimentos de privación sensorial. Buddy los libera con una rabia que no había mostrado hasta entonces, pero la victoria tiene un precio: el incendio químico provocado durante la huida deja a varios bomberos gravemente heridos, y Ellen se lo echa en cara sin suavizar ni un ápice el reproche. Es el punto en el que el cómic empieza a preguntarse si la convicción moral de Buddy justifica lo que está arrastrando a su alrededor, y Morrison no da una respuesta cómoda.
En paralelo corre un hilo mucho más inquietante: un asesino que se hace llamar Mr. Lennox recorre el tomo dejando cadáveres, entra en casa de una familia con la excusa de una visita religiosa y dispara a quemarropa, y más tarde intenta sonsacarle a Mirror Master la disposición de la casa de los Baker con la intención de matar a Ellen y a los niños. Mientras tanto, el doctor James Highwater sueña con la naturaleza de la realidad, visita a un Psycho-Pirate todavía roto por la Crisis y empieza a sospechar, igual que Buddy, que algo ajeno a ellos está tirando de los hilos.
La grieta se abre del todo
El tomo dedica un respiro casi doméstico a la familia: Ellen consigue publicar su libro infantil y todos viajan a París a celebrarlo, teletransportados a la sede de la Liga de la Justicia Europa, justo cuando en otro rincón del mundo un hombre obsesionado con el tiempo recupera su identidad como el Comandante Tiempo. Es un capítulo más ligero, casi un descanso deliberado antes de lo que viene después.
Porque el tramo final de este segundo tomo es en el que Animal Man se convierte en otra cosa. Highwater y Buddy viajan a Arizona persiguiendo las visiones que ambos comparten, suben a una meseta y encuentran peyote esperándolos, en una escena que roza lo chamánico. Y entonces llega el capítulo en el que se nombra por primera vez a lo Rojo, la fuerza que conecta a todos los animales de la Tierra, y en el que Buddy rompe la cuarta pared de una manera que ningún cómic de superhéroes se había atrevido a plantear con esa literalidad: se da cuenta de que es un personaje de cómic, mira directamente al lector y empieza a desplazarse entre las viñetas de la propia página. No es una metáfora. Es Buddy comprendiendo, viñeta a viñeta, que su mundo tiene bordes de papel.
El guion, el lápiz y la tinta de esta etapa
El guion es enteramente de Morrison, que en este tomo demuestra por qué su etapa en Animal Man sigue citándose como bisagra entre el cómic de superhéroes clásico y algo más parecido a la literatura experimental. El dibujo recae sobre todo en Chas Truog, con apoyo de Tom Grummett en varios capítulos, un trazo sencillo y algo tosco que funciona precisamente porque nunca intenta epatar: cuando la realidad se rompe, lo hace sobre un dibujo que hasta ese momento parecía absolutamente normal, y ese contraste es el que vende el vértigo. El entintado de Doug Hazlewood aporta el peso necesario en las escenas más oscuras, sobre todo en las secuencias de Mr. Lennox, y el color de Tatjana Wood mantiene una paleta contenida que estalla justo en los instantes en los que el cómic decide mostrar las costuras de su propia ficción.
La edición española: continuidad y algún que otro salto
Esta segunda entrega de la colección llega en cartoné, con 360 páginas a color y un tamaño de 17x26 cm, y recopila los números 14 a 26 de la cabecera original estadounidense. Quien venga del primer tomo notará que aquí no hay un respiro entre libros: la historia continúa en la misma página exacta donde se cerró el volumen anterior, con Buddy todavía procesando el ataque de los alienígenas amarillos. El papel es el mismo de toda la colección, la traducción se lee fluida y no tropieza en los pasajes más experimentales del tramo final, que es donde más fácil resulta perder el tono. El precio de venta es de 42 euros, una cifra alta para el bolsillo medio pero coherente con el resto de la colección de Vertigo que la editorial está recuperando en España, junto a títulos como Los Invisibles de Grant Morrison o La Cosa del pantano de Alan Moore. Si venís siguiendo la colección desde la reseña del primer tomo, aquí no hace falta refrescar nada: el libro empieza literalmente donde el anterior lo dejó. Puede consultarse la ficha completa en la tienda oficial de Panini Comics.
Nuestra opinión
Este es el tomo en el que Animal Man deja de ser una curiosidad ecologista bien escrita para convertirse en objeto de estudio. El activismo de Buddy sigue funcionando, y la secuencia del laboratorio es de lo más duro que ha dado el cómic de superhéroes de la época, pero lo que se queda en la cabeza es la sensación de vértigo que Morrison construye capítulo a capítulo: Highwater soñando cosas que no debería soñar, Psycho-Pirate hablando de que todos son palabras en una página, Buddy mirando al lector. El cierre del tomo, con Grant Morrison convertido en personaje, sentado con Buddy en su propia casa, explicándole que ha controlado cada aspecto de su vida desde el primer número y que va a dejar el título, es de una audacia que todavía sorprende. Que el autor resucite a la familia de Buddy delante de él y luego le pida que olvide que se conocieron es el tipo de gesto que solo funciona si todo lo anterior se ha ganado el derecho a hacerlo, y este tomo se lo ha ganado con creces. Es una lectura que exige algo de paciencia en los capítulos más centrados en el activismo, pero que paga esa paciencia con una de las secuencias metaficcionales más recordadas del cómic americano.
Título: Animal Man de Grant Morrison 2
Guion: Grant Morrison
Dibujo: Chas Truog, Tom Grummett
Entintado: Doug Hazlewood
Color: Tatjana Wood
Editorial: Panini Comics
Contiene: Animal Man (1988) núms. 14 a 26 USA
Formato: Cartoné
Páginas: 360
Precio: 42,00 €
Fecha de publicación: 16 de julio de 2026
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