Asesinatos en el harem imperial lleva ya tres tomos publicados por Editorial Ivrea y en este tercer volumen la serie de Tabasa Iori deja un poco de lado la trama de palacio para meter a Karin de cabeza en el terreno que peor domina: el de su propia familia. El tomo abre con una misión de rescate y cierra con un ritual imperial que se convierte en trampa, y entre medias hay más de su padre y sus hermanos que en los dos tomos anteriores juntos.
La primera mitad del tomo 3 es puro rescate. Hay una dama de la corte encerrada en el palacio frío, la prisión donde van a parar las consortes que han caído en desgracia, y Karin decide sacarla de ahí. El truco no es la fuerza ni el sigilo entrenado por su padre: es su don más incómodo, el de ser tan invisible socialmente que nadie repara en ella ni siquiera cuando se cuela donde no debería. Es una escena que funciona porque convierte su mayor complejo, el de no caerle bien a nadie, en una ventaja táctica real.
La segunda mitad la lleva a un terreno mucho más incómodo: su casa. Karin tiene que volver a la residencia familiar, y ahí aparecen su padre, el temido funcionario Ou Ko, y varios de sus hermanos, tan atractivos como él y tan intimidantes a su manera. El tomo deja caer que Karin tiene más hermanos de los que había mencionado hasta ahora, y presenta a un par de ellos por primera vez, dejando claro que la familia va a pesar mucho más en los tomos siguientes.
El tomo cierra con el joven emperador decidido a celebrar un ritual de la corte pese a que los adultos que lo rodean ya están tejiendo sus propias intrigas alrededor de la ceremonia. Karin, torpe hasta el final, acaba encerrada dentro del propio escenario ceremonial en un momento casi ridículo, pero aun así consigue detener a un asesino sin que nadie llegue a enterarse de que estuvo ahí. Es el tipo de contraste que ya define a la serie: pánico escénico y eficacia letal en la misma viñeta.
Lo más interesante de este tomo es que empieza a tratar a la familia de Karin como algo más que una amenaza de fondo. Hasta ahora, Ou Ko era sobre todo una sombra: el motivo por el que nadie se le acerca a su hija. Aquí hay una escena breve pero muy reveladora en la que se le ve dormido y a Karin vigilando ese sueño, después de que él suelte una frase que resume su forma de entender el mundo: solo confía en la familia. No es una redención de golpe, pero sí el primer gesto que humaniza a un personaje que hasta ahora solo servía para dar miedo.
Esa misma idea se nota en cómo trata la casa familiar: un sitio donde todos se mueven en silencio, donde cada rutina doméstica esconde en realidad un ejercicio de entrenamiento en artes de asesinato, y donde nadie te explica si lo estás haciendo bien o mal. Es un detalle que dice mucho de cómo se ha criado Karin y de por qué su torpeza social convive con una capacidad de matar que da miedo. El tomo no se detiene a explicarlo con un monólogo: lo deja ver a través de la convivencia diaria.
El trazo de Tabasa Iori se mantiene fiel a lo que ya vimos en el primer tomo: pocas splash pages, mucho plano cerrado y una construcción de viñetas que aísla a los personajes en pasillos y estancias vacías. En el tramo del palacio frío ese recurso funciona especialmente bien, porque convierte una simple infiltración en una secuencia claustrofóbica sin necesidad de una sola página de acción explosiva. El contraste entre la rigidez de Karin y la elegancia fluida del resto del reparto sigue siendo su mejor herramienta de caracterización visual, y aquí se aplica también a sus hermanos, dibujados con una belleza casi calculada para resultar amenazante en vez de atractiva sin más.
La escena del ritual, con Karin atrapada dentro del propio decorado ceremonial, es de lo más gracioso que ha dado la serie hasta ahora, y la autora sabe apoyarse en el formato de viñeta pequeña y repetida para sacarle todo el partido cómico antes de virar de golpe hacia la tensión cuando aparece el asesino.
Este tercer tomo encaja bien con lo que planteaba Asesinatos en el harem imperial desde su primer volumen, que ya reseñamos en Akihabara Station: una protagonista moldeada por el trauma familiar que intenta usar sus "habilidades sucias" para algo bueno. Aquí ese conflicto se traslada del harén a la propia casa de Karin, y el resultado es una lectura que amplía el reparto sin perder de vista lo que hacía funcionar a la serie desde el principio: el choque entre la torpeza social de la protagonista y su absoluta competencia como asesina.
La aparición de más hermanos abre además una vía narrativa que probablemente Ivrea seguirá explotando en los tomos siguientes, y que aquí solo se apunta de forma breve, casi como aperitivo.
Ivrea mantiene el mismo formato que en los tomos anteriores: rústica con sobrecubierta y un papel que aguanta bien las zonas de negro cargado que tanto usa Tabasa Iori. El precio se mantiene en los 9,90 € habituales de la colección, con 200 páginas de extensión. Es una edición cuidada, sin extras llamativos, pero coherente con el resto de la serie y sin sobresaltos respecto a los dos tomos previos.
Para quien todavía no conoce el título, Asesinatos en el harem imperial sigue siendo una de las apuestas de intriga histórica más sólidas del catálogo reciente de Ivrea, a la altura de otras propuestas de harén y misterio que han encontrado hueco entre el público español.
Título: Asesinatos en el harem imperial 3
Autor: Tabasa Iori
Editorial: Ivrea
Editorial japonesa o revista de origen: Shogakukan / Big Comic Spirits
Formato: Rústica con sobrecubierta
Páginas: 200
Precio: 9,90 €
Fecha de publicación: 13-08-2026





