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Reseña de Heavenly Delusion 12, de Masakazu Ishiguro, publicado por Norma Editorial

Norma Editorial publica el duodécimo tomo de Heavenly Delusion, y con él la serie de Masakazu Ishiguro entra en un tramo donde las dos líneas narrativas que ha mantenido separadas desde el primer volumen empiezan a converger con una urgencia que hasta ahora se había dosificado con mucha más paciencia. Por un lado, Maru y Kiruko siguen su viaje hacia el Edén cuando sufren el ataque de un agresor de identidad desconocida, un episodio que rompe de golpe la relativa estabilidad que la pareja había conseguido en los últimos tomos. Por otro, Mikura y varios compañeros expulsados del Nuevo Edén deciden volver a la isla de Izukunoe, el lugar donde arrancó toda la historia, para indagar en los misterios que sus propios cuerpos esconden. Ese hallazgo de un cuerpo que reconoce el terreno mejor que la memoria consciente de sus propios habitantes es uno de los recursos narrativos más inquietantes que Ishiguro ha introducido en la serie últimamente, y encaja con el tono de horror corporal sutil que ha ido ganando peso en los últimos tomos.

Portada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma Editorial

Portada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma Editorial
Ese regreso a Izukunoe es la decisión narrativa más interesante del tomo. Ishiguro lleva toda la serie construyendo un mundo donde el pasado nunca queda enterrado del todo, y volver al origen físico de la historia funciona como una forma de obligar tanto a los personajes como al lector a reconsiderar todo lo que se daba por asumido sobre el proyecto que dio forma al Edén y a las criaturas que pueblan el exterior. No es una vuelta nostálgica ni un simple recurso de fan service narrativo: es la pieza que faltaba para que las dos tramas paralelas empiecen a explicarse mutuamente.

Vale la pena detenerse en cómo Ishiguro plantea el regreso de Mikura a Izukunoe sin recurrir al flashback explicativo fácil. En vez de detener la narración para contextualizar todo lo que el lector necesita saber sobre el origen de la isla, el tomo deja que la propia extrañeza de los personajes al reconocer y no reconocer el lugar transmita la información necesaria, confiando en que quien ha seguido la serie hasta aquí sepa unir los puntos sin necesidad de que se los den masticados. Es una decisión de guion que exige atención, pero que también respeta la inteligencia del lector que lleva once tomos invertidos en la historia.

El ataque a Maru y Kiruko, por su parte, introduce una amenaza más inmediata y personal que las que la pareja ha enfrentado en tomos recientes. Ishiguro ha ido alternando a lo largo de la serie entre el peligro abstracto del mundo exterior —las criaturas, la escasez, el hambre— y amenazas concretas ligadas a personajes con nombre y motivación propia, y este tomo se decanta claramente por la segunda opción. La identidad del agresor se mantiene deliberadamente oculta durante buena parte del volumen, un recurso de suspense que Ishiguro maneja con la misma contención que ha caracterizado toda la obra: pistas visuales antes que explicaciones directas, silencios que dicen más que los diálogos. El hecho de que Ishiguro nunca revele de golpe la identidad del atacante, incluso cuando ya han pasado varias páginas de confrontación directa, es coherente con el ritmo general de la serie, más interesada en la tensión sostenida que en el giro sorpresa inmediato.

Portada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma EditorialPortada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma Editorial

El dibujo de Ishiguro sigue siendo uno de los grandes atractivos de la serie, con esa línea clara que tanto recuerda a Otomo y a cierto minimalismo de Toriyama, capaz de transmitir tanto la amplitud desoladora del Japón exterior como la claustrofobia contenida de los espacios cerrados del Edén. En este tomo en particular, las páginas dedicadas a Izukunoe recuperan una textura visual que llevaba varios volúmenes sin aparecer, con un tratamiento del blanco y negro que refuerza la sensación de estar visitando un lugar que el tiempo ha ido vaciando de vida sin llegar a borrarlo del todo.

Uno de los aciertos constantes de Heavenly Delusion, y que este tomo mantiene, es que ninguno de los dos grupos de personajes se siente secundario respecto al otro. Mikura y el resto de expulsados del Nuevo Edén podrían haber quedado reducidos a una simple subtrama de apoyo a la historia principal de Maru y Kiruko, pero Ishiguro les da agencia propia y motivaciones que no dependen de la trama central para justificar su presencia en la página. Esa decisión de construcción coral, sostenida durante doce tomos, es parte de lo que distingue a la serie de otros postapocalípticos con elenco más funcional.

Portada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma EditorialPortada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma EditorialPortada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma Editorial

Portada de Heavenly Delusion tomo 12 edición Norma Editorial
El contraste entre los dos escenarios que recorre el tomo —la isla de Izukunoe, cargada de historia y de silencio, frente al camino abierto y peligroso hacia el Edén que siguen Maru y Kiruko— también se traduce en un cambio de ritmo de lectura dentro del propio volumen. Los capítulos ambientados en Izukunoe respiran más, se toman su tiempo en explorar espacios vacíos; los del viaje de la pareja protagonista mantienen la tensión constante propia de un ataque en curso. Esa alternancia evita que el tomo se sienta monótono pese a moverse entre registros tan distintos.

El tono general del tomo se mantiene fiel a la mezcla de dureza y ternura que ha definido la obra desde el principio: el mundo exterior sigue siendo hostil, la violencia sigue teniendo consecuencias reales sobre los personajes, y sin embargo Ishiguro nunca pierde de vista los pequeños momentos de humanidad que hacen que ese mundo hostil valga la pena de recorrer. Es un equilibrio difícil de sostener durante tantos tomos, y este volumen demuestra que la serie sigue sabiendo dónde poner el peso emocional sin caer en la fatiga narrativa que sufren otras obras de recorrido similar.

Como duodécimo tomo de una serie que ya lleva un recorrido largo, Heavenly Delusion sigue demostrando que el misterio de fondo —qué es realmente el Edén, qué pasó con el mundo exterior, qué son las criaturas que lo pueblan— no se ha ido diluyendo con el tiempo, sino que se ha ido complicando de forma orgánica. Este tomo no ofrece respuestas definitivas, pero sí acerca considerablemente las piezas necesarias para empezar a vislumbrarlas, algo que se agradece después de tantos volúmenes de acumulación paciente de misterio.

Título: Heavenly Delusion 12
Título original: Tengoku Daimakyō (天国大魔境)
Autor: Masakazu Ishiguro
Demografía: Seinen
Géneros: Aventura, ciencia ficción, drama, misterio
Editorial: Norma Editorial
Editorial japonesa: Kodansha (Monthly Afternoon)
Formato: Tapa blanda con sobrecubierta, 13 x 18,2 cm, 176 páginas, blanco y negro
Precio: 9,50 euros
ISBN: 978-84-679-8272-5
Volumen: 12 de 12 en la edición española