DC Must-Have: Superman Hijo Rojo, reseña — ¿Qué habría pasado si Kal-El hubiera sido soviético?
Superman: Hijo Rojo llega en 2026 a la colección DC Must-Have de Panini en un formato rústica accesible, y trae consigo uno de los experimentos mentales más elegantes del cómic de superhéroes del siglo XXI. Mark Millar planteó en 2003 una pregunta que suena simple y tiene consecuencias enormes: ¿qué habría pasado si el cohete de Krypton hubiera aterrizado en la Unión Soviética en lugar de en Kansas? Lo que construyó a partir de ahí es un thriller político de Guerra Fría con una solidez narrativa que veinte años después sigue sin envejecer.
El punto de partida: un giro que lo cambia todo
Las "historias imaginarias" llevan décadas siendo una constante en DC Comics. La etiqueta Elseworlds, que ampara esta historia, ha producido obras de calidad muy dispar. Lo que diferencia Hijo Rojo del montón es que Millar entiende que el giro del cohete no es un simple cambio de escenario: es una prueba de filosofía política. Superman encarna unos valores concretos. Al transplantarlos a la URSS, Millar pregunta si esos valores son universales o si son inseparables del contexto americano en el que nacieron.
El Kal-El soviético no es un villano. No es una distorsión maligna del Superman que conocemos. Es un hombre con los mismos poderes y una formación diferente que llega a conclusiones distintas sobre cómo usar esos poderes para hacer el bien. Eso es mucho más interesante que simplemente intercambiar banderas.
El argumento: Superman, Stalin y Lex Luthor
El cómic se extiende a lo largo de décadas. El Superman soviético asciende dentro del sistema comunista como una figura que no busca el poder por sí mismo, sino como herramienta para la utopía que le han enseñado a perseguir. Cuando Stalin muere, es Superman quien hereda el control de la URSS. No por ambición, sino porque es el más competente y el que menos puede ser corrompido.
Frente a él, el único hombre capaz de plantarle cara: Lex Luthor, que en este universo es un genio al servicio de Estados Unidos, motivado no por la envidia sino por la convicción de que un ser con el poder de Superman no puede ser benevolente indefinidamente. La CIA le da recursos ilimitados. Luthor los usa con una eficiencia que convierte cada capítulo en un duelo de inteligencias.
También aparece Wonder Woman, aliada temporal de Superman, cuya relación con él añade una capa de tensión romántica y política que Millar gestiona con inteligencia. Y hay un Batman, claro, aunque su origen y su configuración en este universo son notablemente distintos y funcionan como uno de los mejores giros del cómic.
Lo que hace Millar con los personajes
La virtud central de Hijo Rojo es que nunca cae en la trampa fácil de hacer que el Superman soviético sea simplemente malo. Millar tiene suficiente honestidad intelectual para mostrar un Superman que construye cosas reales, que reduce el crimen, que mejora las condiciones de vida, y que aun así acaba en un lugar que confirma los peores temores de Luthor. No porque sea malvado, sino porque el poder absoluto tiene consecuencias que ninguna buena voluntad puede evitar del todo.
Lex Luthor, por su parte, sale de esta historia mejor parado que en cualquier otra: es el protagonista moral del cómic, el que tiene razón por las razones equivocadas y las razones correctas entrelazadas. La escena final del cómic, que no voy a detallar, es un cierre que algunos lectores encuentran demasiado limpio y otros consideran el remate perfecto de una fábula política. Es el tipo de desenlace que genera debate, lo que ya es mérito en sí mismo.
El arte: Dave Johnson y Kilian Plunkett
Dave Johnson se encarga del grueso del trabajo visual, con Kilian Plunkett como artista de algunos tramos. El estilo de Johnson es limpio y funcional, con una composición de página muy norteamericana que sirve bien a la naturaleza de thriller político del guion. No tiene la espectacularidad visceral de un Johnson (Daniel Warren) ni la monumentalidad de un Neal Adams, pero tiene criterio y consistencia.
Las portadas de Johnson para cada número son otro asunto: son pequeñas obras de propaganda política que juegan con los iconos visuales de la Guerra Fría con una precisión que añade una capa de lectura al conjunto. La portada de Superman con la hoz y el martillo es ya un icono del cómic moderno.
La edición Must-Have de Panini 2026
La colección DC Must-Have de Panini apuesta por formatos accesibles de obras clásicas. Superman: Hijo Rojo llega en rústica de 168 páginas a color con un precio en la línea de la colección, lo que lo convierte en el formato más barato para hacerse con esta historia en España. Contiene los tres números originales de Superman: Red Son publicados en EE.UU. en 2003, que recopilan la historia completa.
Es la versión más económica, no la más lujosa. Quien quiera el tomo en cartoné con más material tendrá que buscar ediciones anteriores. Pero para quien quiere leer la historia sin más, el Must-Have cumple perfectamente.
Conclusión: un clásico que sigue funcionando
Superman: Hijo Rojo tiene veinte años y no los aparenta. Millar construyó una historia que usa los iconos del cómic de superhéroes para hablar de ideología, poder y los límites de la utopía sin caer en la propaganda de ningún bando. Que DC Must-Have la recupere en 2026 tiene sentido: es exactamente el tipo de obra que justifica la existencia de una colección de clásicos accesibles.
DC Must-Have: Superman Hijo Rojo
Guion: Mark Millar | Dibujo: Dave Johnson, Kilian Plunkett
Contiene: Superman: Red Son núms. 1-3 (en EE.UU., 2003)
Editorial: Panini | Páginas: 168 | Rústica
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