Su vida cambiará para siempre cuando el presidente de su empresa, el grupo Nogi, le explique que desde el período Edo, muchos contratos de comerciantes y empresas en Japón se deciden en peleas callejeras ilegales y le pida ser el representante del chico que vio en el callejón, Tokita Ohma, un experto y duro luchador que no se anda con chiquitas.
Kazuo es un aficionado a los deportes de contacto, pero no está preparado para todo lo que le van a mostrar Ohma y los diferentes contrincantes que participarán en los combates Kengan, expertos en diferentes artes marciales y estilos de lucha. ¡La violencia y la sangre decidirán el futuro del grupo Nogi y de las luchas Kengan!
Kengan Ashura vol. 17: el despertar del verdadero Niko y los titanes del Torneo Kengan
El volumen 17 de Kengan Ashura, de Sandrovich Yabako y Daromeon, publicado recientemente por Ivrea, eleva una vez más la intensidad del Torneo de Aniquilación Kengan con tres combates que definen el espíritu salvaje de la serie. Esta entrega culmina la brutal batalla entre Tokita Ohma y Raian Kure, y continúa con dos enfrentamientos colosales que llevan la violencia, el músculo y la estrategia al límite. Cada capítulo es una explosión de adrenalina, una oda al cuerpo humano como arma y al espíritu que se niega a ser derrotado.
El clímax entre Ohma y Raian: más allá del Avance
La primera mitad del tomo nos sumerge en el desenlace del combate más esperado: Ohma Tokita contra Raian del clan Kure, una confrontación que trasciende la fuerza física para convertirse en un choque de filosofías. Ambos han agotado sus cuerpos, ambos han superado sus límites, pero solo uno puede quedar en pie.
Raian, después de usar su temible técnica del Avance, se convierte en una bestia incontrolable. Su cuerpo, deformado por la tensión muscular, parece el de un demonio. Daromeon lo dibuja como una masa de furia viva, un símbolo de la destrucción pura. Frente a él, Ohma, tambaleante y exhausto, comprende que repetir los movimientos de su maestro Niko no es suficiente. La clave no está en copiar, sino en entender.
En ese instante de lucidez, Ohma alcanza una nueva dimensión de su estilo. El llamado “verdadero Niko-Ryuu” emerge, una fusión entre técnica, instinto y voluntad. No se trata solo de artes marciales, sino de una filosofía: la armonía entre cuerpo y mente en medio del caos. Lo que sigue es una de las secuencias más memorables de todo Kengan Ashura. Los trazos de Daromeon se desatan: golpes imposibles, rostros desencajados, un duelo donde la fuerza bruta se convierte en arte.
El resultado de este combate no solo sorprende por su desenlace —inesperado y cargado de simbolismo—, sino por cómo redefine el rumbo del torneo. La victoria (o la supervivencia) de Ohma no es un triunfo cualquiera: es un renacimiento. Al comprender su propio camino, deja de ser un discípulo para convertirse en un verdadero maestro de sí mismo.
Wakatsuki vs. Julius: el choque de los cuerpos imposibles
Cuando aún resuenan los ecos del combate anterior, el manga salta a otro duelo monumental: Takeshi Wakatsuki contra Julius Reinhold. Dos hombres que encarnan extremos opuestos del poder físico: uno, un prodigio natural con una densidad muscular sobrenatural; el otro, un producto de la ciencia llevado al límite de lo humano.
El combate es una sinfonía de golpes, huesos fracturados y músculos desgarrados. Cada puñetazo parece romper el aire, cada impacto resuena como una explosión. Daromeon brilla especialmente aquí, creando páginas que transmiten peso y velocidad a la vez. Sus trazos detallan la tensión muscular con precisión anatómica, mientras el guion de Yabako convierte el duelo en una reflexión sobre el origen de la fuerza.
Wakatsuki pelea por su orgullo como guerrero natural. Su fuerza, nacida de una genética excepcional y años de entrenamiento, representa la pureza del esfuerzo humano. Julius, en cambio, es el triunfo de la ingeniería y el poder del dinero: un hombre que ha reemplazado sus límites biológicos por la intervención científica. Ambos son, en esencia, monstruos creados por caminos distintos, y su encuentro es tan brutal como inevitable.
La pelea avanza entre destrucción y respeto mutuo. Pese a su aparente simpleza, es uno de los combates más técnicos de la serie. Yabako nos recuerda que Kengan Ashura no trata solo de quién es más fuerte, sino de qué impulsa a cada luchador a seguir adelante. Al final, lo que se impone no es el músculo ni la ciencia, sino la voluntad.
Muteba vs. Sekibayashi: el espectáculo del dolor
El tercer combate del tomo presenta un contraste fascinante: Muteba Gizenga, el legendario asesino africano apodado “El Genocida”, contra Jun Sekibayashi, el luchador de wrestling más carismático del torneo. A primera vista, parece un duelo desigual: Muteba es una máquina de matar, frío, preciso y despiadado; Sekibayashi, en cambio, es un showman que vive para el espectáculo. Pero Kengan Ashura nunca se conforma con lo predecible.
Antes del combate, Jun decide adoptar su papel más oscuro: el del villano Marvelous Seki, un personaje de su carrera como luchador profesional. En el ring, deja atrás su amabilidad habitual y se transforma en un depredador teatral, una figura brutal que se alimenta de la reacción del público. Esta metamorfosis no solo enriquece su personaje, sino que añade un matiz temático poderoso: el combate no es solo físico, sino una representación del ego y la identidad.
Muteba, con su ojo ciego y su experiencia como mercenario, no se deja impresionar. Su lucha es la de un profesional que ve la muerte como una herramienta. Sin embargo, lo que comienza como un enfrentamiento de técnica asesina contra showmanship termina siendo una danza de respeto entre dos hombres que comprenden la esencia del combate.
Daromeon aprovecha este enfrentamiento para desplegar un festival visual de brutalidad elegante. Las tomas en contrapicado, las secuencias de agarres imposibles y las expresiones desbordadas de Sekibayashi convierten cada página en un espectáculo total. Hay humor, tensión y sangre, pero también una inesperada humanidad.
El Torneo Kengan: donde el alma se mide en golpes
El volumen 17 consolida Kengan Ashura como una de las series de acción más completas del manga moderno. Sandrovich Yabako equilibra la intensidad física con un desarrollo psicológico preciso. Cada luchador tiene una historia, una motivación y una filosofía, lo que transforma cada combate en algo más que una pelea: en una manifestación del alma.
Ohma alcanza un nuevo estadio como protagonista, demostrando que el poder no reside solo en el cuerpo, sino en el entendimiento de uno mismo. Wakatsuki y Julius representan el eterno conflicto entre naturaleza y artificio, mientras que Muteba y Sekibayashi muestran que incluso la violencia puede ser arte cuando se ejecuta con propósito.
La narrativa de Yabako es precisa, sin relleno. Cada viñeta sirve a la tensión, y cada diálogo refuerza la personalidad de sus personajes. Por su parte, el arte de Daromeon es puro músculo visual: expresivo, dinámico y cinematográfico, con un dominio absoluto del ritmo de lectura.
Conclusión: la esencia del combate y el renacer del guerrero
Kengan Ashura vol. 17 es una celebración del espíritu combativo en todas sus formas. Desde el despertar del verdadero Niko hasta los duelos de fuerza y espectáculo que lo siguen, este tomo resume lo que hace grande a la serie: su capacidad para fusionar la brutalidad extrema con una narrativa llena de propósito.
Con esta entrega, Ivrea continúa una edición impecable que mantiene la energía y la crudeza del original. Kengan Ashura sigue siendo el referente absoluto del manga de lucha contemporáneo, una obra donde cada golpe cuenta una historia y cada combate revela el alma de un guerrero.

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