Reseña After God vol. 3 — La traición de Obikawa y el dios interior de Waka
por Víctor Teruel Sánchez
19.10.25
El tercer tomo de After God, de Sumi Eno publicado por Distrito Manga, marca un punto de ruptura en la serie. Tras el clímax anterior —el ataque del dios serpiente y el secuestro de Waka—, la historia se adentra en un terreno aún más oscuro, donde las revelaciones personales y las traiciones cercanas pesan más que los combates espectaculares. Si en los volúmenes previos la amenaza divina se imponía desde fuera, ahora descubrimos que lo más peligroso puede encontrarse dentro de los propios personajes.
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Waka y el dios que habita en su interior La joven protagonista, marcada por el trauma y el odio hacia los dioses, despierta a la verdad más dolorosa: ella misma es huésped de una divinidad. El tercer tomo explora esta contradicción con crudeza: Waka ya no solo se enfrenta a los dioses que devastan Tokio, sino al miedo de convertirse en uno de ellos. La narrativa de Eno convierte esta revelación en algo más que un simple giro de guion: es una metáfora sobre la identidad, la adolescencia y la sensación de cargar con una herencia que amenaza con desbordarnos.
Tokinaga, atrapado entre la culpa y la resistencia
Mientras tanto, Sachiyuki Tokinaga continúa sumido en la desesperanza. Tras la masacre del tomo anterior, se siente incapaz de proteger a nadie, y su duelo lo convierte en una figura frágil pero profundamente humana. En este volumen se refuerza su papel como contrapunto de Waka: ella encarna la furia y el instinto, él la duda y la compasión. Sus diálogos transmiten la dificultad de seguir viviendo en un mundo donde los dioses parecen invencibles, pero también la necesidad de aferrarse a los vínculos humanos como último bastión frente al caos.
Obikawa: el amigo convertido en enemigo
El gran impacto narrativo del tomo 3 llega con la traición de Obikawa, hasta ahora uno de los apoyos más sólidos de Tokinaga. Su revelación como reencarnación del dios serpiente cambia por completo la perspectiva de los protagonistas y del lector. La confianza se convierte en un lujo inalcanzable: incluso dentro del Instituto de Investigación Anti-Dios, cualquiera puede ocultar un poder divino. Este giro no solo añade tensión dramática, sino que también plantea preguntas inquietantes sobre la naturaleza de los dioses: ¿son invasores externos o forman ya parte inseparable de la humanidad?
Terror metafísico y pausa introspectiva
A diferencia de entregas anteriores, este tomo alterna con más intensidad entre el frenesí de la acción y momentos de calma cargados de introspección. La amenaza divina sigue presente, pero lo que realmente aterra aquí es la incertidumbre interna: ¿puede Waka controlar al dios que la habita? ¿Es Obikawa aún humano o solo una máscara del monstruo que lo consume? Estas pausas no ralentizan la historia; al contrario, permiten que cada estallido de violencia resulte más sobrecogedor al llegar.
Un apartado visual perturbador y hermoso
El dibujo de Sumi Eno sigue brillando con un estilo que mezcla delicadeza y horror. El diseño del dios serpiente, ya plenamente manifestado, es a la vez majestuoso y aterrador: líneas sinuosas que recuerdan a ornamentos sagrados, pero distorsionados hasta volverse letales. El contraste entre la fragilidad de los personajes y la magnificencia de los dioses intensifica el tono de pesadilla que caracteriza a la serie. Las expresiones de Waka —entre el miedo, la rabia y la incomprensión— transmiten con enorme fuerza el desgarro emocional que vive.
Más allá de la acción: un manga sobre identidad y vacíoEn última instancia, este tercer tomo confirma que After God no es un manga de acción al uso. Sus combates espectaculares funcionan como catalizadores de conflictos mucho más profundos: la identidad, la confianza, la soledad, el miedo a ser consumido por lo que nos supera. El dios que vive en Waka, la traición de Obikawa, la culpa de Tokinaga… todo apunta a que el verdadero campo de batalla está dentro de los personajes, no fuera de ellos.
Conclusión
Con After God vol. 3, Sumi Eno nos entrega una entrega clave que redefine el rumbo de la serie. La acción y el terror siguen presentes, pero lo esencial está en el drama humano: una adolescente que alberga en su interior la amenaza que más odia, un científico que lucha contra su propia impotencia, y un amigo convertido en enemigo mortal. La edición de Distrito Manga, en su ya habitual formato cuidado, permite disfrutar de un tomo intenso, visualmente deslumbrante y emocionalmente devastador.
Si los primeros volúmenes introducían la premisa y el horror del mundo, este tercero marca el inicio de un camino sin retorno, donde lo divino y lo humano se confunden hasta volverse indistinguibles. Una lectura imprescindible para quienes buscan un manga que no solo asuste, sino que también invite a reflexionar sobre lo que significa ser humano en un mundo gobernado por dioses indiferentes.