Cómic: Corto Maltés regresa en El día de Tarowean.

El invencible tándem formado por DÍAZ CANALES y PELLEJERO regresa con nuevas aventuras de Corto Maltés en El día de Tarowean, esta vez por aguas de un océano Pacífico en la frontera con lo imposible.

Corto Maltés regresa en El día de Tarowean.

Cuentan que los marinos de las islas Fidji llaman al primero de noviembre ‘el día de Tarowean’, que se traduce como ‘día de sorpresas’. Y sorpresas no le faltarán a Corto Maltés ni a sus lectores en esta nueva peripecia, donde, entre otras cosas, nos encontraremos con tribus cortadoras de cabezas, un príncipe amenazado de muerte e incluso una ‘sirena’ venerada como diosa del Mar… La historia comienza en las brumas de un cementerio. No es la primera vez que vemos a Corto Maltés meditando entre las tumbas antes de embarcarse una vez más. En esta ocasión, se aproxima el Día de los Muertos de 1912 y nuestro héroe, asistido por el poco o nada fiable pirata Rasputín, se dispone a cumplir con un arriesgado encargo: liberar a Calaboose, un muchacho prisionero desde hace años en algún sórdido calabozo de los Mares del Sur, nadie sabe por qué.

Corto Maltés regresa en El día de Tarowean.

A los lectores más fieles del héroe de Hugo Pratt les resultarán instantáneamente familiares algunos detalles. ¿Quién no recuerda La balada del Mar Salado? La isla de Escondida, aquel monje siniestro cuyo rostro nunca alcanzamos a ver, cubierto siempre por la capucha de su hábito…
Pues bien, hacia esos mismos confines se encaminan Corto Maltés y los suyos, surcando un Océano Pacífico donde las potencias coloniales siguen disputándose las riquezas de los pueblos indígenas y comprando a sus cabecillas con todo tipo de argucias.

La infamia de dichos imperios, además, no es solo una cuestión humanitaria. La explotación descontrolada de los recursos que los británicos están llevando a cabo en las islas –especialmente del árbol de la gutapercha– contribuye a la desforestación de amplias zonas de selva, con la consiguiente amenaza de extinción de numerosas especies animales y de comunidades como la de los dayaks.

Una vez más, el tándem formado por Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero demuestra que el legado del maestro Hugo Pratt no puede estar en mejores manos. Si en Equatoria lanzaron a Corto tras los pasos del Preste Juan por el convulso continente africano de principios de siglo XX, y en Bajo el sol de medianoche lo hicieron recorrer el Gran Norte de la mano del mismísimo Jack London, en El día de Taworean nos reencontramos con él en un escenario muy diferente, aunque tenga en común con aquellos el hecho de atestiguar el choque entre dos mundos: uno primitivo, supersticioso y apegado a la naturaleza, y otro moderno, deshumanizado y depredador.

Corto Maltés regresa en El día de Tarowean.

Tanto en blanco y negro como en color, el dibujo de Pellejero no se resigna a ser esa fidelísima reproducción de Corto Maltés que impresiona incluso a los más veteranos y exigentes seguidores del legendario aventurero. Unos pocos, certeros trazos le bastan para hacernos sentir la humedad de la jungla, o la caricia de la brisa marina en la proa de una nave, mezclada con el humo de los indispensables cigarrillos. Su trabajo tiene la vibración de las grandes epopeyas –el mundo de los piratas, los soldados y los exploradores– y, al mismo tiempo, sabe preservar la personalidad de una figura única.

Sostenido sobre el guion de Díaz Canales, este nuevo Corto Maltés conserva el aire deliciosamente vintage que caracteriza a la serie, sin dejar de dirigir una mirada hacia asuntos de acuciante actualidad, como los desafíos ecológicos, la emancipación de la mujer –¡esas mujeres de Corto, estandartes de la libertad!– o el drama de las personas que se lanzan al mar, a cualquier mar, en busca de una vida mejor. Todo bajo la mirada serena del héroe que siente tanto desapego por las riquezas materiales como por los imperios y sus banderas manchadas de sangre.

AUTORES
JUAN DÍAZ CANALES (Madrid, 1972) es nuestro guionista más internacional. Aficionado desde la infancia a los tebeos y a los dibujos animados, se formó en una escuela de animadores y fue miembro fundador de la compañía Tridente Animation. Sin embargo, la consagración le llegó en el campo de la historieta. Su celebridad está ligada estrechamente a la figura del dibujante granadino Juanjo Guarnido, a quien conoció en el campo de la animación y con quien creó la serie Blacksad, convertida en un éxito instantáneo de crítica y público desde su aparición en 2000. Este título ha merecido los más encendidos elogios y los galardones más distinguidos, incluyendo el premio a la mejor serie en el festival de Angoulême, el premio Eisner a la mejor edición de material internacional, el premio a la mejor obra en el Salón de Barcelona y el Premio Nacional del cómic. Aparte de su colaboración con Guarnido, el mercado francés ha acogido otros trabajos de Díaz Canales junto a dibujantes españoles. Con Gabor realizó Los patricios (2009). Con José Luis Munuera creó Fraternity (2011). Y en solitario firmó la novela gráfica Como viaja el agua (2016). Pero su trabajo más popular en los últimos tiempos ha sido la nueva encarnación de Corto Maltés, que desarrolla en compañía del dibujante Rubén Pellejero y de la que se han publicado hasta la fecha los álbumes Bajo el sol de medianoche, Equatoria y El día de Tarowean. Se trata de un trabajo delicado que rinde homenaje a la obra de Hugo Pratt sin renunciar por ello a imprimirle un sello personal.

RUBÉN PELLEJERO (Badalona, 1952) es un artista de rango internacional. Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona, se curte profesionalmente trabajando para una agencia donde alterna la ilustración publicitaria y el dibujo de his-torietas destinadas al mercado extranjero. En 1981 debuta en el mercado español con la serie Historias de una Barcelona, publicada en la revista Cimoc. Al año siguiente inicia una fructífera colaboración de más de dos décadas con el guionista argentino Jorge Zentner. De su amplia y diversa bibliografía conjunta destacan la serie Dieter Lumpen (1985-1994) y el álbum El silencio de Malka (1994), galardonado en 1997 con el premio Alpha-Art al mejor álbum extranjero publicado en Francia. A comienzos del siglo XXI, Pellejero empieza a colaborar con otros guionistas. Junto a Denis Lapière aborda el drama romántico en Un poco de humo azul (2003). Junto a Frank Giraud ensaya el fresco histórico con En carne viva (2006). Junto a Jean Dufaux se adentra en el wéstern con Lobo de lluvia. Y en compañía de Christophe plantea una road movie en El largo y tortuoso camino (2016). En 2015 afronta uno de los retos más difíciles de su carrera: continuar las aventuras del legendario Corto Maltés junto al guionista Juan Díaz Canales. Con tres álbumes a las espaldas (Bajo el sol de medianoche, Equatoria y El día de Tarowean), han demostrado con creces que el marinero de Hugo Pratt está en las mejores manos.
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